Una biblioteca para un anarquista

Anarquistas de Jerez

El pasado 23 de marzo la CNT de Jerez inauguró en su sede una biblioteca a la que le ha puesto en nombre de Sebastián Oliva. Aunque fui invitado al acto por correo electrónico –supongo que como biógrafo del personaje-, finalmente no pude asistir como era mi deseo por coincidir con el fallecimiento de un vecino cercano a mi familia. Sólo puedo alabar el gesto que ha tenido la cenetista Federación Local de Sindicatos de recordar a este importante dirigente anarquista de Jerez y de España y hacerlo con una biblioteca, a quien en algunos momentos de su vida compatibilizó su compromiso sindical con su trabajo de  maestro por las innumerables gañanías que se reparten por el extenso término municipal jerezano.

Fue hace ahora treinta años, en 1986, cuando publiqué mi primer trabajo en el que aparecía el nombre de Sebastián Oliva Jiménez. Lo hice con una memoria sobre la huelga agrícola del verano de 1917, gracias a un interesante cuestionario que encontré en el fondo Soto Molina de la Biblioteca Municipal. Aquí se decía que Oliva era “un agitador anarquista” cuando era detenido junto a sus compañeros y amigos Diego Martínez Domínguez y Francisco Fernández Alcón. Desde entonces han sido muchas las veces que me acerqué a la figura de Sebastián Oliva. Me lo encontré en los duros años del impropiamente llamado “trienio bolchevique” (1918-1920), lo vi como dirigente de la Federación Nacional de Obreros Agricultores, he contado su ostracismo en los años de la dictadura primorriverista y, por último, he analizado su trayectoria en los difíciles momentos de la Segunda República y su arrinconamiento por los nuevos líderes faístas y radicales que pasaron a controlar el anarcosindicalismo jerezano a partir de 1932. Siempre lo sentí como un personaje cercano y admirable. Por este motivo fue para mí una gran satisfacción personal poder conocer a dos de sus hijos, uno de ellos –Paco- prematuramente fallecido, quienes me facilitaron una foto de su padre en la que se le ve acompañado de otros destacados dirigentes anarquistas de Jerez, que por su valor testimonial he difundido y repartido en copias a cuantas personas me la han pedido. Esta simpatía –entre lo personal y lo profesional como historiador- me llevó a preparar una aproximación biográfica a la figura de Sebastián Oliva que aporté con gusto al libro que la Universidad francesa de Franche-Comté publicó de homenaje al hispanista y buen amigo Gérard Brey con motivo de su jubilación. Aquí cuento algunos de los principales hitos de su vida y su criminal asesinato en las primeras semanas de la guerra en Jerez.

Aunque no lo escribí entonces, lo digo ahora. Sebastián Oliva ha sido la principal figura del anarquismo jerezano del siglo XX por los cargos sindicales que desempeñó, por su trabajo periodístico como director y responsable de La Voz del Campesino y por la sensatez y el sentido común con los que desempeñó su trabajo sindical, lo que le costó más de un disgusto con sus propios compañeros. Su lealtad a la CNT fue total, incluso en los momentos más difíciles de su larga trayectoria en el movimiento obrero. Por esta razón, que correligionarios de hoy le den su nombre a una biblioteca no es sólo un acto de reconocimiento, sino también un ejemplo de lo que debe ser la Memoria Histórica escrita así, con mayúsculas Y me parece muy bien y apoyo la iniciativa que también se propone de que se  reconozca su figura y su lucha en favor de los trabajadores con el nombre de una calle, formando así parte de la mejor historia de la ciudad. Sería un acto de estricta justicia con quien tan caro pagó su compromiso permanente con las clases más necesitadas de la sociedad que le tocó vivir.

(La foto que cito es la que abre esta entrada. Sentados de derecha a izquierda Sebastián Oliva, Diego Martínez y un desconocido. De pie, en el mismo orden, Antonio Gago y José Ballesteros).

Mi biografía de Sebastián Oliva en el libro de homenaje a Gérard Brey, se puede descargar aquí

Un nuevo libro sobre el liberalismo en Andalucía del que soy coautor

Cádiz escuela

Coordinado por mis compañeros Gonzalo Butrón y Alberto Ramos, acaba de publicarse el libro Cádiz, escuela política: hombres e ideas más allá de 1814,  que recoge los resultados del proyecto de investigación “Cádiz, escuela política” financiado por el Centro de Estudios Andaluces de la Junta de Andalucía. Los contenidos del volumen se organizan en tres partes. En la primera se estudia el proceso de conformación de la opinión pública a través del análisis de los textos –prensa, papeles y literatura política en general- que circularon por Andalucía en el contexto de las Cortes de Cádiz, que enriquecieron el debate político y que se convirtieron en una herramienta clave de formación de una conciencia ciudadana de libertad. En la segunda parte, a través de cinco trabajos, se valora el modo en que lo vivido y aprendido en el Cádiz sitiado marcó  en las décadas siguientes la implantación de nueva cultura política liberal en Andalucía y España. Finalmente, el libro tiene un tercer bloque de trabajos en el que se estudia el peso de la nueva cultura política en tres grupos sociales concretos, las mujeres, la burguesía de negocios y los profesionales de la Medicina.

Mi aportación al libro está en el capítulo duodécimo, en el que analizo cómo se produce en Jerez de la Frontera la salida del régimen absolutista fernandino y la conformación del nuevo Ayuntamiento en 1834. En este contexto, un asunto aparentemente banal como la autorización de un espectáculo ecuestre va a provocar un grave conflicto político entre el Subdelegado del Fomento, que ejercía el gobierno de la provincia,  y el Ayuntamiento jerezano,  que salda con el destierro de Jerez de media corporación municipal,  una fuerte multa a los ediles díscolos y la salida de la ciudad del representante del Estado para evitar un posible linchamiento popular. Un posterior perdón real quiso calmar “aguas tan revueltas”. Descargar mi capítulo aquí

La “guerra de broma” se ha instalado en la política española

MapaSGM

La drôle de guerre o guerra de broma, a veces conocida como «la guerra falsa» o «guerra ilusoria» , es una expresión francesa referida al período de la Segunda Guerra Mundial que comenzó con la declaración de guerra que Francia y el Reino Unido  dirigieron a Alemania, el 3 de septiembre de 1939, y acabó con la invasión alemana de Francia, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo el 10 de mayo de 1940.

Y es que aunque  la Guerra Mundial comenzó el uno de septiembre de 1939, cuando las tropas alemanas invadieron Polonia, durante más de seis meses  las unidades francesas y británicas apenas se movilizaron  y no participaron en ningún acto bélico contra los alemanes, a pesar de que en virtud de sus alianzas militares, ambos países estaban obligados a asistir militarmente a Polonia.

La invasión alemana de Noruega y Dinamarca el 9 de abril  de 1940 significó el primer enfrentamiento bélico directo de franceses y británicos contra tropas alemanas, pero ello ocurrió sólo en territorio noruego. Mientras tanto,  los ejércitos adversarios se espiaban mutuamente a lo largo del río Rhin, en la frontera ,sin que se  tomase ninguna  iniciativa bélica. Sólo el ataque alemán del 10 de mayo de 1940 acabó con esta “guerra falsa”, como también la llamaron los ingleses.

Tengo la impresión de que la política española se ha instalado en esta “guerra de broma”. Pasado el momento estelar del debate de investidura de Pedro Sánchez,  con los resultados ya conocidos, no parece que los principales actores políticos estén haciendo muchos esfuerzos por dar una salida a este estancamiento. Aunque todos los partidos, excepto Ciudadanos -según las encuestas que se están publicando-, tienen motivos de preocupación para temer un nuevo proceso electoral, esto va camino de la prórroga. Perderemos lo que queda del mes de marzo y probablemente sólo en la última semana de abril empezarán de nuevo los movimientos frenéticos para encontrar una salida y nombrar un nuevo presidente. O iremos de cabeza a unas nuevas elecciones.

 

Un libro sobre la Segunda República en el que participo

Primer Bienio

Acaba de salir este libro del que soy coautor. Forma parte del proyecto de investigación “Modernización, cultura política y movilización ciudadana en Castilla y León, 1931-1933” de la Universidad de Valladolid, que financia la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación. Se origina a partir del Congreso Internacional sobre el Primer Bienio de la Segunda República Española,  que los responsables del mencionado proyecto organizaron en octubre de 2014, reuniendo en Valladolid a especialistas procedentes de diversas universidades españolas y extranjeras, en lo que resultó un esclarecedor foro de debate en torno al general proceso de modernización que vive el país en esos primeros años treinta del siglo pasado.

Los temas que se abordan en el libro van desde la historia política a la historia del movimiento obrero o la violencia política, sin que falten los análisis culturales, el de la Iglesia católica “conciliadora” que encarnó el cardenal Vidal i Barraquer, la politización del campesinado o la conflictividad laboral en Castilla. En definitiva, un conjunto de investigaciones novedosas centradas en la primera etapa de un régimen como el republicano que tantas ilusiones y esperanzas generó en los sectores más dinámicos y avanzados de la sociedad española de los años treinta. En mi contribución, titulada “El movimiento obrero en el primer bienio republicano. Dos modelos de sindicalismo”,  analizo el importante incremento de militancia que tienen las dos grandes fuerzas sindicales de la época –la CNT y la UGT- las “dos Españas obreras” que se configura en este periodo y las estrategias que se practican, la reformista y moderada de la UGT y la revolucionaria de la CNT. Finalmente, valoro la actuación que los dirigentes de los sindicatos tienen en la campaña electoral de finales de 1933, unos pidiendo la abstención de los trabajadores (los cenetistas) y otros apoyando las candidaturas de izquierda (los ugetistas).

Descargar mi capítulo del libro aquí