Focofobia o la intolerancia al foco de luz en la política

 

Hernandez
MADRID, 26 DE MARZO DE 1987.- ANTONIO HERNÁNDEZ MANCHA, PRESIDENTE DE ALIANZA POPULAR, DURANTE LA EXPOSICIÓN DEL PROGRAMA DE SU PARTIDO EN EL DEBATE DE LA MOCIÓN DE CENSURA AL GOBIERNO SOCIALISTA. FOTO: JOSÉ MARÍA PASTOR.

En Medicina, se suele definir la fotofobia como una intolerancia anormal a la luz o una molestia ocular en presencia de luz brillante. La fotofobia grave produce problemas en los ojos y puede ocasionar un dolor ocular intenso incluso con luz baja. Es un síntoma que suele originarse por causas oculares, neurológicas o por el consumo de ciertos fármacos y drogas.

En la actividad política padecen la focofobia aquellos personajes que han realizado o tenido una discreta o exitosa carrera pública en su pueblo, su provincia o su comunidad autónoma, pero que cuando dan el salto a un escalón superior y son  escrutados ya más minuciosamente en sus acciones por los focos de los medios de comunicación y otros adversarios políticos,  ponen en evidencia la vaciedad de su ideología, su escaso recorrido intelectual o sus reducidas competencias para el cargo al que han llegado. Fue el caso, por poner un primer ejemplo, de un político que protagonizó una historia, que me contaron un día y que a lo mejor es apócrifa, razón por la cual no daré nombres.

Había que elegir el candidato a la alcaldía de una ciudad importante y para hacer una primera propuesta se reunieron los líderes de la correspondiente organización local o agrupación política. Se produjeron las lógicas discusiones y finalmente se llegó a un consenso sobre el nominado. Al salir de la reunión, uno de los presentes le dijo a otro: hasta ahora éramos pocos los que sabíamos lo flojito que es fulanito, ahora con la campaña electoral se va a enterar todo el mundo.

Un segundo caso más sonado y verídico fue lo que le ocurrió al político que sustituyó brevemente a Manuel Fraga como presidente nacional de la entonces Alianza Popular después de los malos resultados electorales de 1986. Me estoy refiriendo a Antonio Hernández Mancha, al que por cierto recientemente parece que también le han descubierto alguna cuenta en Panamá y para intentar desmentirlo protagonizó una “alucinante” entrevista –por llamarla de alguna manera- con Ana Pastor en el programa de ésta en “La Sexta”. Pues bien, Hernández Mancha había liderado la reorganización de AP en Andalucía, la colocó por encima de la decadente UCD en las elecciones autonómicas de 1982 y parecía que era un político conservador llamado a mayores responsabilidades…, hasta que decidió presentar una moción de censura contra el gobierno socialista de Felipe González.

Apenas llevaba unos meses como nuevo presidente nacional de AP, cuando no siendo ni siquiera diputado a Cortes –era senador-,  en el mes de marzo de 1987,  decidió presentar la citada moción de censura,  probablemente con la intención de darse a conocer ya al electorado de toda España, pero después de que González hubiera ganado por segunda vez las elecciones por mayoría absoluta. La arriesgada iniciativa que tomó no pudo resultarle más catastrófica. Buscó el cuerpo a cuerpo con el líder del PSOE y presidente del Gobierno, y el que le contestó fue su vicepresidente, Alfonso Guerra; se armó un lio con el precio de los garbanzos, los restantes grupos del Congreso le reprocharon que ni siquiera hubiera intentado tener sus apoyos y el resultado final de la votación fue demoledor: 68 votos a favor de la moción, 195 en contra y 71 abstenciones. Aquí acabó la carrera de Hernández Macha. Su agonía política duró poco más de un año, hasta que Manuel Fraga, ante la ruina que tenía delante, decidió volver a la presidencia de AP y preparar un segundo relevo, esta vez con José María Aznar.

Dos nuevos casos de focofobia se han producido en  las últimas breves Cortes, disueltas antes de las elecciones del 26 de junio. El primero ha sido el de Gabriel Rufián, el “charnego” independentista que ERC colocó al frente su candidatura al Congreso. Su primera intervención como portavoz de este partido recibió todo tipo de comentarios, pero como va a seguir de diputado en esta nueva legislatura,  seguramente tendremos más tardes importantes, salvo que Joan Tardá,  más experimentado,  quiera amortiguar los daños a su partido. Y el segundo ha sido el de Pablo Iglesias, un personaje que se ha movido “como pez en el agua” en las tertulias televisivas, pero que no ha calculado bien el poder que tenían  los focos que le colocaron encima ya como líder de Podemos. Sus palabras sobre la “cal viva” sobre los escaños socialistas o la “imaginativa” propuesta de gobierno que hizo al PSOE después de ser recibido por el rey,  han sido dos hechos que marcarán su actividad en la política. El tiempo dará o quitará razones, y como sigue en el nuevo Parlamento ya veremos si ha sacado las conclusiones oportunas.

 

 

Tres días de julio de 1936 en Cádiz

Ayer se estrenó un documental titulado “Tres día de julio” hecho por el Servicio de Vídeo de la Diputación Provincial, que narra el comienzo del golpe militar de 1936 en la ciudad de Cádiz. Un excelente trabajo con guión de Santiago Moreno Tello. Merece la pena verlo.

 

Paisaje después de la batalla (electoral). El PSOE: o reconstrucción o pasokización.

Zapatero-Sánchez-Rubalcaba-20 minutos

Los resultados de las elecciones del pasado 26 de junio le han dado al PSOE una nueva –y probablemente última- oportunidad para acometer las importantes tareas que viene dejando pendiente desde hace algunos años y que siguen mermando sus apoyos ciudadanos elección tras elección.

El “sorpasso” de Unidos Podemos, si se hubiera producido, habría colocado al Partido Socialista en una situación verdaderamente endiablada y habría acentuado sus problemas internos, fragilizando notablemente su posición en el mapa político español. Haberse colocado como un peón subalterno de Unidos Podemos y tener que decidir sobre un eventual apoyo a la candidatura de Pablo Manuel Iglesias a la presidencia del Gobierno habría tenido unos costes políticos tan altos que difícilmente hubiera podido superar la actual dirección del PSOE.

No se ha dado el “sorpasso”, el Partido Socialista ha quedado como principal partido de la izquierda, pero esta realidad no puede ocultar una circunstancia bien penosa: el respaldo ciudadano que tiene el socialismo español en las urnas sigue en declive y por tercera vez consecutiva es capaz de empeorar los resultados de la elección anterior, quedándose ya en los 85 diputados, la peor marca desde la recuperación de la democracia en 1977.  Por este motivo, o el Partido Socialista aprovecha los próximos meses para intentar solucionar los graves problemas que actualmente lastran su acción política, o el declive continuará y un escenario “griego” con un socialismo electoral y políticamente irrelevante no será una distopía lejana, sino una amenaza que está a la vuelta de la esquina. Porque lo que han puesto en evidencia las dos últimas convocatorias electorales es que enfrente, en el campo de la izquierda política, ya no compite con una débil Izquierda Unida, sino con una coalición articulada alrededor de Podemos, que tiene vocación de permanencia y -lo más importante-, que nace con la indisimulada aspiración de disputarle permanentemente el liderazgo en este espacio del votante progresista.

Son cuatro los problemas principales  que tendrá que resolver el Partido Socialista en estas próximas semanas/meses si no quiere despeñarse poco a poco  hacia la irrelevancia política:

1º/ Superar un discurso político repetitivo y escasamente movilizador para el votante progresista. No es un problema estrictamente español porque afecta a toda la socialdemocracia europea. La reivindicación vaga y monótona del Estado del Bienestar, construido en las décadas pasadas del siglo XX, ya no sirve. En el capitalismo globalizado en el que vivimos, en el sistema que ha creado “el precariado” como “nueva” clase social y que ha debilitado a los sindicatos y la potente clase obrera industrial que daba sus votos a los partidos socialistas, éstos deberían responder con un nuevo “corpus” ideológico que marcara nítidamente las distancias con las tesis neo liberales y del conservadurismo compasivo. Como bien ha escrito Ignacio Urquizu, el socialismo debe recuperar en primer lugar, el valor de la audacia y en vez de ir a remolque de los acontecimientos, plantear soluciones valientes para los problemas sociales, económicos y políticos. Y en segundo lugar, se debería abandonar el posibilismo, siempre pesimista,  y buscar soluciones imaginativas  e innovadoras (“¿Por qué decepciona la socialdemocracia?”, El País, 27 de enero de 2015).

2º/ Dejar de ser un partido “viejuno” y recuperar la credibilidad perdida entre los jóvenes. Lo ha escrito Belén Barreiro: el voto en España se ha convertido en un hecho generacional: los mayores votan al PP y al PSOE y los más jóvenes se inclinan por Podemos y Ciudadanos, con todos los matices que se quieran. O dicho de otra manera: la mayoría política que dio la última victoria electoral al PSOE en el 2008 ha acabado escindiéndose. Los socialistas han mantenido el voto de los jubilados, los adultos y las amas de casa, pero han perdido el apoyo significativo de las clases medias urbanas y de los jóvenes menores de 35 años. En palabras de éstos, escuchadas por mí en la Universidad, “el PSOE es un partido viejuno”. Esta situación se convierte en letal para una organización que debería tener en el progresismo su principal bandera y en los sectores más dinámicos de la sociedad sus principales puntos de apoyo. En consecuencia, estamos ante una dinámica perniciosa que sólo se puede romper construyendo una oferta política atractiva apoyada en un nuevo pacto generacional. Se trataría de mantener las políticas de apoyo a los mayores, pero buscando propuestas atractivas para los más jóvenes que les dé oportunidades -de verdad-  para acceder a los mercados de trabajo, para formarse mejor en la Universidad o en la Formación Profesional o para tener más protagonismo en los ámbitos de la cultura y las nuevas tecnologías.

3º/ Cerrar o estrechar los “agujeros negros” electorales que tiene el socialismo en algunas comunidades autónomas. Se ha destacado de estas últimas elecciones, por parte de algunos analistas, que después de cuatro procesos electorales, el PSOE por primera vez ha perdido en Andalucía. Esto a pesar de ser en tres provincias de esta comunidad donde el Partido Socialista ha sido el más votado en el conjunto de España, y de haber perdido, pero empatado, en escaños con el PP en otras dos. No está pues, en Andalucía, el problema del PSOE. Lo que los socialistas tienen que analizar son los “agujeros negros” que tienen en otras comunidades autónomas, como la valenciana, donde el PP dobla en escaños al PSOE, pese a los numerosos escándalos de corrupción habidos y por haber, en Cataluña, donde es el cuarto partido, o en Madrid, donde también es superado por el PP y por Unidos Podemos. Los resultados de estas y otras comunidades uniprovinciales son los que tienen que analizar los expertos electorales socialistas si se quiere mantener la condición de partido nacional y de razonable implantación en todos los territorios del Estado.

4º/ Dejar atrás una dirección débil y permanentemente cuestionada. Lo ha puesto en evidencia una y otra vez la reciente historia electoral de España: los ciudadanos no quieren partidos débiles o divididos con continuos problemas internos. Quieren soluciones para sus problemas y si el partido está entretenido en sus “cuitas” sencillamente no lo votan.  En este sentido, cualquier escenario de confrontación que se plantee para elegir la nueva dirección del socialismo español en su próximo congreso sólo incrementará su ruina política. Ni la actual comisión ejecutiva de Pedro Sánchez en pleno tiene muchos argumentos para defender su continuidad por las dos últimas derrotas electorales, ni otros candidatos/as deberían presentarse si van a provocar más división y conflictos en la organización.  Además, este debate acerca de la elección del líder del Partido esconde otro que probablemente sea más importante: la selección de todo el equipo dirigente, porque no todo el mundo está capacitado formar parte del mismo. Desgraciadamente, en los últimos años ha habido más de un portavoz del mismo  haciendo el más espantoso de los ridículos porque  su presencia no se ha debido a su solvencia o trayectoria política, sino una elección digital, que anteponía  la adhesión inquebrantable a cualquier otro criterio más fundado. Por eso tuvimos que escuchar cosas como “el acontecimiento histórico planetario”  que tanto nos llamó la atención en su día. En fin, aquí me quedo.

Fuente de la foto: 20 minutos.es