Ha muerto Alberto Gil Novales, el maestro del Trienio Liberal español

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El historiador y jurista Alberto Gil Novales (Barcelona 1930- Madrid 2016), considerado uno de los más importantes historiadores aragoneses de los últimos cuarenta años, ha fallecido hoy -día 15 de noviembre- en Madrid.

El fallecimiento de Gil Novales, cuya vinculación con Aragón se extendía desde su niñez, ha sido hecho público por la Diputación de Huesca, cuyo presidente ha expresado su pésame a la familia del historiador.

Alberto Gil Novales se licenció en Derecho por la Universidad de Zaragoza y se doctoró en Madrid con la tesis La concepción del derecho nacional en Joaquín Costa, tras cuya presentación inició una larga carrera en universidades norteamericanas y españolas.

Finalmente, alcanzó la Cátedra de Historia Universal Contemporánea en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, donde profundizó en la figura de Costa.

Como historiador, se centró no sólo en la historia del Alto Aragón sino que abordó la reconstrucción de la sociabilidad política del Trieno Liberal y trató de vincular, en distintos estudios, la historia española con la del resto de Europa y América. Preocupado por la investigación biográfica de autores de los siglos XVIII y XIX, se interesó especialmente por las figuras de Joaquín Costa, Antonio Machado, Riego o Romero Alpuente.

En sus libros, Gil Novales analizó la figura de Bolívar, estudió la presencia del socialismo utópico europeo en España y se fijó en los orígenes de los partidos políticos.

En julio de 2014 fue homenajeado en Aínsa por la Diputación de Huesca para conmemorar los cuarenta años de colaboración mantenidos con el Instituto de Estudios Altoaragoneses, institución a la que legó, tras su muerte, toda su biblioteca.

Visitó Cádiz con una cierta frecuencia, ya sea para investigar en nuestros archivos y hemerotecas, ya para participar en actividades de nuestra Universidad. Siempre me pareció un historiador de unos conocimientos enciclopédicos, un gran conocedor de la historiografía alemana y una persona siempre amable y atenta con los que le preguntábamos para aprender.

Descanse en paz.

Fuente: El Mundo, 16 de noviembre de 2016.

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La cultura antifranquista: el Teatro Estudio Lebrijano. Un merecido homenaje 50 años después.

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Aunque Franco murió en la cama a finales de 1975 existe un consenso más o menos generalizado entre los historiadores acerca de que en el ámbito de la cultura, por lo menos,  la derrota de la dictadura se había producido mucho antes de este hecho biológico y con el tirano todavía  vivo. Y es que toda la efectividad destructiva que tuvo el régimen franquista,  amparado en su poder militar y en el ejercicio de una brutal represión contra sus enemigos, no impidió que a medida que pasaban los años fueran emergiendo distintos proyectos culturales que no sólo cuestionaron los valores ideológicos en los que se sustentaba la dictadura, sino que, además, negaban abiertamente éstos recuperando los planteamientos democráticos y populares que marcaron la “Edad de Plata” de nuestra cultura anterior a la tragedia de la Guerra Civil. Y esto fue posible por la existencia de una “resistencia silenciosa” que Jordi Gracia ha valorado en sus trabajos sobre algunas reducidas élites político-culturales de la época, pero también por la emergencia de una “oposición estruendosa” al franquismo que alcanzó plena carta de naturaleza, sobre todo en la década de los años cincuenta y sesenta en el mundo del arte, del cine o del teatro con obras, películas y libros que sostenían ideas o planteamientos que nada tenían que ver con la “cultura oficial” del régimen de Franco.   Esta y no otra fue la razón que estuvo detrás del fracaso de los proyectos culturales que intentaron implantar primero los falangistas, luego los nacionalcatólicos y, por último, los tecnócratas del Opus Dei.

En esta tarea de demolición de los valores de la cultura franquista tuvo un papel relevante, especialmente en Andalucía, un grupo de teatro formado en el sevillano municipio de Lebrija y que se presentó hace ahora cincuenta años con el nombre del Teatro Estudio Lebrijano. Un grupo de jóvenes estudiantes y trabajadores de distintos oficios que bajo la dirección del también joven Juan Bernabé –que apenas había cumplido los veinte años-, en los últimos meses de 1966 y principios de 1967 empezaron a representar distintas obras del teatro español de vanguardia no sólo en los edificios cerrados, sino también en las plazas y las calles para hacer realidad lo que ellos querían: “un teatro popular del pueblo y para el pueblo”. El éxito les llegó a partir de 1969 cuando representaron “Oratorio” una obra basada en textos de Alfonso Romero Jiménez, que constituía una reflexión sobre la libertad y la tiranía y en la que se buscaba la complicidad del espectador porque se denunciaba la falta de libertades y  el relato oficial que el franquismo había hecho de la guerra y sus víctimas. Y  todo esto se hacía  hablando un andaluz popular que nada tenía que ver con el que se representaban las obras cargadas de tópicos  de los Quinteros o Pemán e introduciendo, por último,  como novedad el cante flamenco en lo que éste tenía de denuncia de la marginación y la explotación de los poderosos sobre los débiles.

El éxito de “Oratorio” fue espectacular y posibilitó que el Teatro Estudio Lebrijano acudiera en el año 1971 al festival de Nancy, uno de los más importantes de Europa, ostentando la representación de la escena española. A continuación, nuevas actuaciones en ciudades alemanas, francesas y españolas ratificaron el éxito del grupo por lo que traía de renovación y novedad al panorama teatral del país. Su mensaje también llegó a los censores y a la policía político-social  de la dictadura que no dudaron  en prohibir la representación de la obra en el festival de Madrid, imponiéndole también una multa al grupo de cien mil pesetas de las de entonces, lo que no acobardó a sus integrantes que empezaron a plantearse seriamente la profesionalización de su trabajo. En este debate estaban cuando se produjo la rápida enfermedad de su director, Juan Bernabé, de viaje en Roma. De regreso a España, fue sometido a distintas pruebas médicas, pero terminó falleciendo en Madrid el 21 de enero de 1972. Acababa de cumplir los 25 años de edad. Fue una auténtica desgracia para la cultura andaluza contemporánea, como lo serían posteriormente los fallecimientos  de Jesús de la Rosa – el alma de grupo  “Triana”-, en 1983,  con 35 años o la del artista plástico Pepe Espaliú algunos años después. Pero nos quedan sus obras y el recuerdo de sus trayectorias vitales tan prometedoras y tan cruelmente truncadas por la enfermedad o un accidente de tráfico. En el caso del Teatro Estudio Lebrijano, su pueblo le ha preparado un importante y merecido  homenaje estos días, 50 años después de su fundación,  que se puede consultar en el enlace que se indica a continuación.

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