Mi último libro. Acaba de salir

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“Su señoría es muy aficionado a rebuscar los puntos flacos de las situaciones políticas (…), dos puntos peligrosos tenemos hoy, dos cuestiones  inmensas, y las dos ha tenido S. S. el triste privilegio de iniciarlas con ira y con pasión: la cuestión de Cataluña y la cuestión de las Provincias Vascongadas”. Reproche de Pedro Egaña, diputado fuerista vasco, a Manuel Sánchez Silva en un debate parlamentario celebrado el 24 de mayo de 1849 (Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, legislatura de 1848-1849, p. 2383).

Con esta cita, que bien podría atribuirse a cualquier diputado de las Cortes Españolas del presente año de 2017 se abre mi último libro: Parlamento y política en la Sevilla del siglo XIX. Manuel Sánchez Silva frente al proteccionismo catalán y los fueros vascos, que fue premiado con el accésit del Premio de Historia “Archivo Hispalense” de la Diputación de Sevilla en su convocatoria del año 2015.

Digo en la solapa del libro que se trata de la biografía política del sevillano Manuel Sánchez Silva, el que probablemente fue el parlamentario andaluz más importante del siglo XIX, tanto por su larga presencia en el Congreso de los Diputados y el Senado, como por su activa participación en los más importantes debates que se produjeron en las Cortes entre 1841 y 1881. Y aunque su voz se llegó a escuchar en las más variopintas discusiones, se ocupó principalmente de dos cuestiones: su rechazo a la legislación proteccionista que beneficiaba a la industria textil catalana y su combate contra los fueros vascos durante el reinado de Isabel II y en los primeros años de la monarquía de Alfonso XII.

En las dos últimas décadas, la biografía histórica ha alcanzado una notable relevancia en la Historia Contemporánea de España,  gracias a la aparición de una historia narrativa que ha perdido la fe en los modelos deterministas de explicación, al pasar a ocuparse tanto de las personas singulares como de los acontecimientos. Sin embargo, como bien ha señalado Jacques Le Goff, no se trata de volver a la tradicional biografía del positivismo decimonónico, sino de aprovechar el acercamiento biográfico para conocer mejor la realidad social de una época, trascendiendo, por tanto, lo individual, al concebirse aquél como elemento de una demostración más amplia. Y es que como  ha escrito Bernard Guenée, la historia estructural y la historia biográfica deben ser complementarias: “el destino de un hombre puede ayudar a comprender la historia de un tiempo, pero, inversamente, sólo la historia del tiempo en que él ha vivido permite comprender el destino de un hombre”. En definitiva, una biografía realizada con todas garantías de seriedad y cuidadosa a la hora de  restituir en toda su complejidad los lazos entre el individuo y la sociedad, se nos puede mostrar como un lugar de observación particularmente eficaz.

Este último es el planteamiento metodológico con el que abordamos la biografía de Manuel Sánchez Silva, un político liberal nacido en Utrera en 1806, pero que comenzó su vida política en Jerez de la Frontera, donde se había casado, en los momentos previo a la Regencia de Espartero al ser elegido concejal del Ayuntamiento que se forma en 1839 y posteriormente alcalde de la ciudad en el convulso año de 1840. Por este motivo, su  activismo parlamentario  se inició en Cádiz porque por esta provincia obtuvo su primer escaño en el Congreso de los Diputados en las elecciones del año 1841, para pasar posteriormente a representar a la sevillana, al quedarse viudo y establecer su residencia en su ciudad natal.

También hemos querido aprovechar este trabajo biográfico para comprender mejor la vida política y electoral de la Sevilla isabelina, quizá el periodo histórico más desconocido en la historiografía del siglo XIX. Utilizando fuentes hasta ahora apenas exploradas, como la prensa de esta época, las memorias de un gobernador civil de la provincia de 1863  y la documentación privada del archivo de José Posada Herrera descubrimos quienes eran las élites sevillanas de estos años, cuáles eran las clientelas que sostenían en la provincia a los partidos que hacían política en Madrid o cómo se “fabricaban” las elecciones por los gobiernos.  Una investigación, en definitiva, que pretende contribuir a un mejor conocimiento de la Andalucía contemporánea. Y no sólo esto, porque con sus intervenciones parlamentarias, Manuel Sánchez Silva,  ya en su día,  puso en evidencia –como hemos señalado- problemas como los de la articulación territorial del Estado español hoy tan de actualidad, lo que le llevaría a tener importantes enfrentamientos dialécticos como los políticos catalanes que defendían el proteccionismo económico para proteger a su industria textil y con los políticos vascos que no querían perder los privilegios que le daban sus fueros. De hecho, hasta ahora era más conocido en la historiografía vasca que en la andaluza. Espero haber compensado este panorama con la publicación de este libro. Sé que no gustará a algunos, pero como dice el psicólogo: siempre es bueno tener en cuenta que no se puede estar en bien con todo el mundo.

El índice se puede consultar aquí

Marx en España. Una crítica que retrata a un libro y a su autor

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Hay que agradecerle a José Antonio Piqueras no sólo haber impulsado y mantenido hasta hoy,  junto con Javier Paniagua,  Historia Social, una de las revistas de historia más importantes que se publican en nuestro país, sino también el  tener la valentía de no rehuir la polémica historiográfica mostrando abiertamente sus convicciones en debates en los que otros –entre los que yo me incluyo- no hemos tenido las ganas de entrar por aquello de no “molestar” y no buscarse más enemigos intelectuales que los precisos. Lo que hace con este libro es una muestra más de su arrojo en un intento poner las cosas en su sitio, descubriendo algunas mochilas personales que algunos deberían ser más prudentes en sacar  y no tratar de airear, a riesgo de que se conozcan completas, las historias  que en este trabajo se dejan a medias.

Es una pena que alguien que está ya jubilado y que debía de estar disfrutando del necesario descanso entre su familia y sus amigos se dedique a dar rienda suelta a sus filias y sus fobias personales, profesionales y políticas, al calor de un pretendido retrato intelectual sobre la penetración de la “cultura marxista” en la universidad y en la intelectualidad de la España del franquismo y la transición.

Tiene mérito lo que hace en esta recensión José Antonio Piqueras. Yo no he leído el libro porque lo estuve hojeando en una de las librerías de El Corte Inglés y me detuve especialmente en el retrato que hacía sobre el marxismo que afloraba en la Universidad de Cádiz, que es en la que trabajo. Para el profesor Cuenca era una “pena” que los que aquí estamos nos dedicáramos a “cuestiones menores” como el anarquismo, las luchas del movimiento obrero, la historia de las mujeres y otras historias, a su criterio, “asuntos intrascendentes”, a pesar de lo escrito por Bertolt Brercht en sus “Preguntas de un obrero que lee” (otro “rojo”). Sólo salva de la “quema” a uno de mis compañeros. No quiero ser mal pensado, pero tengo que concluir que a lo mejor era porque se trataba del que más lo invitaba a venir por Cádiz al calor de los más variopintos tribunales académicos que de vez en cuando se tenían que constituir.  Cuestión de gustos. Visto pues, el retrato tan sorprendente que hace de mi trabajo y el de mis compañeros y compañeras decidí no leer el libro completo, a pesar de que pienso que de toda lectura siempre se aprende algo. Le agradezco a José Antonio Piqueras el haber hecho una tarea que otros no tuvimos ni las ganas de emprender. La recensión que hace de este “Marx en España” sí merece ser leída y la pongo a continuación.

Se titula “Nostalgia del inquisidor”, se ha publicado en la “Revista de Libros” y se puede leer, aquí