Abril, mes republicano.

 

CaroCancela IIRepublicaLos amigos de Ganar Cádiz en Común han organizado esta conferencia en su sede, en el número 11 de la plaza de la Libertad de Cádiz. Allí estaremos para hablar de la modernidad que trajo la República ahora que hay tanto “revisionismo historiográfico” circulando.

Las cuatro muertes de García Lorca y las fallas de la memoria histórica

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Hace menos de un mes, el pasado 14 de febrero, el equipo de arqueólogos que llevó a cabo la tercera campaña de excavaciones para encontrar los restos  de Federico García Lorca -con el pretexto de buscar los del maestro republicano Dióscoro Galindo, asesinado junto a él- presentó los decepcionantes resultados de su trabajo. Lejos de hacer realidad aquello de que a la tercera va la vencida, lo único que se encontraron los directores de esta tercera excavación -y por ahora última-  han sido dos casquillos de bala minuciosamente descritos en la memoria de la misma y poco más. Muy pocas nueces para tanto ruido previo. Por tercera vez pues, y otra vez más en contra de la voluntad de su familia, la figura de García Lorca, ha estado en el centro de la polémica sin que se haya podido aportar nada nuevo a las distintas teorías que se han escrito sobre la primera y real muerte del gran poeta granadino.

La persona que más interés ha puesto en llevar a cabo esta última iniciativa ha sido Miguel Caballero Pérez que en la solapa de su último libro sobre el poeta- Las trece últimas horas en la vida de García Lorca– se presenta como “investigador histórico perteneciente al Instituto de Estudios Históricos del Sur de Madrid” y como “cronista oficial de Láchar (Granada)”.  No había leído ninguno de sus libros relacionados con García Lorca, pero me llamó la atención las rotundas afirmaciones que hizo hace unos meses en el programa La Memoria” de segundo canal de Andalucía negando cualquier tipo de motivación política en el asesinato del poeta, algo que después he visto en Internet con motivo de la presentación del citado trabajo,  cuando afirmaba en El Cultural de El Mundo en el 2011 que, “Lorca no fue asesinado ni por rojo ni por maricón”.

Como no quería opinar sin fundamento acabo de leerme los dos libros más recientes que Caballero ha escrito sobre el tema y tengo de los mismos valoraciones contrapuestas. Mientras que lo que aporta en La verdad sobre el asesinato de Garcia Lorca. Historia de una familia me parece interesante porque da una información hasta ahora desconocida acerca de las rencillas del padre del poeta con la familia Roldán por la cuestión de las fábricas azucareras de la vega, no me parece tan destacado lo que cuenta acerca del mal ambiente que generó en otra de estas familias –la de los Alba- la obra teatral que lleva este apellido. Sin embargo,  no creo que en estas  discordias estuviera la razón última del asesinato del poeta, sencillamente porque “malos rollos” como éstos eran muy frecuentes en los pueblos y los que participaban en ellos los sobrellevaban como podían, sin tener que caer necesariamente en el crimen.

Más contradictoria es la conclusión a la que he llegado después de leer Las trece últimas horas en la vida de García Lorca. Me parece meritorio el esfuerzo por poner los nombres y apellidos a todos los victimarios que participaron en el crimen, pero creo que lo hace dando una excesiva credibilidad a los testimonios recogidos en el libro póstumo del periodista y falangista granadino Eduardo Molina Fajardo, titulado Los últimos días de García Lorca, aparecido en 1983. Y es que no conviene olvidar el objetivo último de esta investigación, según los que conocían al personaje: exculpar a la Falange de cualquier responsabilidad en el asesinato del poeta, descargando toda la culpa en la CEDA que lideraba el diputado Manuel Ruiz Alonso, que fue el que se presentó en la casa de la familia Rosales para detener al poeta.

Personalmente, después de la lectura de los dos libros publicados por Caballero sigo considerando relevantes, como en su día escribió Gibson, las motivaciones políticas que pudo tener el crimen. No se puede ignorar en este asesinato la venganza de los sectores más reaccionario de las derechas de Granada por el compromiso republicano y progresista del escritor y, sobre todo, por su condición de amigo y colaborador de Fernando de los Ríos,  el dirigente socialista granadino y el personaje más odiado por todo los grupos fascistas y parafascistas de Granada, que pudo salvar su vida gracias a que se encontraba fuera de la provincia cuando estalló el golpe militar.

Por otra parte, los resultados de esta tercera y fracasada excavación de Miguel Caballero lo que ha puesto en evidencia es su error de partida. Siguiendo casi al pie de la letra lo que contaba Molina Fajardo acerca del lugar donde podía estar el cuerpo del poeta, a medio kilómetro de donde en su día indicó Ian Gibson, el fiasco ha sido monumental. Y todavía más confusas han sido las explicaciones con las  que ha intentado ocultarlo. Ha dicho Caballero que si no se han encontrado los restos de los cuatro asesinados esa noche es porque “fueron exhumados antes de que llegaran a descomponerse del todo” (El País, 15 de febrero de 2017). No admite pues que puedan estar en otra parte. Y esto se afirma sin ninguna prueba de ninguna clase. Y para confundir todavía más a la opinión pública se declara   también ahora  que la “clave”  podría estar en unos presuntos informes elaborados por el Ministerio de Interior en los años cincuenta y sesenta” que habrían desaparecido del expediente del comisario de Granada que los redactó. Mucha niebla para un tema como el de la Memoria Histórica que, además de compromiso,  exige más rigor y solvencia científica.

Esperemos que a partir de la próxima aprobación de la Ley de Memoria Democrática por el Parlamento de Andalucía, la cuestión de las exhumaciones de las víctimas del franquismo quede en manos de  auténticos especialistas y bajo la tutela de la administración pública, como, por cierto, se ha venido haciendo en los últimos años en la provincia de Cádiz, con ejemplos tan solventes y dramáticos como el de Grazalema o la impresionante fosa descubierta en el cementerio de Puerto Real de la mano de Jesús Román y sus colaboradores.

El informe de esta tercera excavación se puede descargar aquí